¿Visitar Marruecos en el mes de julio?

21/02/2020

Nuestra opinión es que el viaje de verano es un viaje que también se disfruta muchísimo. Aunque en la primera quincena de julio hace calor, éste aún no es exagerado y además disponemos de más horas de luz y actividad cada día.

Muchos autocaravanistas os sorprendéis de que organicemos nuestro viaje más largo durante el mes de julio y nos preguntáis si en ese mes no hace un calor agobiante para viajar a Marruecos, si es posible disfrutar del viaje esas dos primeras semanas del mes.

Cena veraniega

Queremos deciros, en primer lugar, que lo que os contamos más abajo se refiere solamente a la primera quincena de julio. No es extensiva al resto del verano, donde las temperaturas son más duras.

Estas son nuestras consideraciones sobre el tema:

  1. Está claro que, cuando se habla de climatología, hay que hacerlo con prudencia, porque puede cambiar de un año al siguiente, en uno u otro sentido, pero por nuestra experiencia, podemos deciros que es cierto que hará calor, pero no más que en el centro, levante o sur de España. Las grandes temperaturas, esas que afectan a la capacidad para disfrutar de un viaje, se dan desde mediados del mes de julio hasta la primera semana del mes de septiembre, aproximadamente. Este último verano, por ejemplo, todo el grupo se sorprendió porque hacía más calor en Tarifa, a nuestro regreso, que en Marruecos.
  2. Es muy importante que sepáis que en todos los lugares del sur marroquí hemos cuidado muy especialmente los lugares de pernocta. En todos ellos, un total de 4 noches, disponemos de una espléndida piscina a nuestra disposición, en la que nos daremos un buen chapuzón y nos relajaremos tras nuestras jornadas de visitas y experiencias y que nos iluminarán para cenar, porque nos prepararán junto a ellas la cena en más de una ocasión.
  3. En cuanto al desierto, hay que decir que los cielos en verano son maravillosos, con una Vía Láctea que parece justificar el nombre que le dieron los romanos por su parecido con una mancha lechosa en el cielo nocturno y en más de una ocasión varios viajeros hemos sacado las camas o las mantas de las jaimas y hemos dormido directamente sobre la arena contemplando las estrellas. Además las temperaturas, tras la caída de la tarde, son muy agradables y puedes irte con tu pareja a lo alto de una duna a disfrutar de un rato a solas con una copa de vino bajo un manto de estrellas increíble.
  4. Otras 5 noches las pasamos en hermosas y monumentales ciudades costeras del Atlántico marroquí, con temperaturas de verano como en nuestras costas andaluzas o levantinas, cuyas playas (y actividades: dromedarios, caballos, quads…) podremos disfrutar, si lo deseamos, en esta época del año más que en otras y en cuyas terrazas disfrutaremos de estupendas comidas o cenas al aire libre además de nuestra comida al borde de un acantilado tras disfrutar de un chapuzón en la playa que tenemos abajo. Y os aseguramos que esos días de ruta y disfrute junto al mar no vienen nada mal tras nuestro viaje por el desierto y las ciudades del interior y constituyen un buen contrapunto a lo vivido hasta alcanzar la costa.
  5. Los días son los más largos del año, lo cual implica en primer lugar, que nunca conducimos de noche así que disfrutamos plenamente de todos los paisajes durante nuestra ruta, pero además nos permite extender las visitas y las experiencias hasta bien avanzada la tarde, tanto las programadas como las que nos apetezca hacer solos o acompañados durante el viaje, en el tiempo libre.
  6. Las veladas se alargan… ¡se está tan bien por la noche!, en el desierto alrededor del fuego, con la música y los ritmos de las canciones bereberes o en algún área de los hoteles a los que vamos, disfrutando de la cena que nos han preparado, junto a la piscina iluminada y quizás disfrutando de una copa y conversación hasta que apetezca… o en un camping, compartiendo una cena, con nuestras mesas y nuestras sillas y lo que cada uno quiera sacar, mientras hablamos largo y tendido de lo que estamos viviendo, o yendo a cenar a la terraza de un restaurante en cualquier medina… en fin…
  7. Los pequeños detalles del verano que suelen salpicar el viaje: parar en el bosque de cedros de Azrou a picar algo o comernos una jugosa sandía de temporada intentando que no nos la arrebaten los juguetones monos de Berbería que habitan el bosque; visitar las gargantas del Todra bajando por el lecho del río con los pies en el agua entre paredes de más de 100 metros de altura; pasear a la sombra del palmeral mientras miembros de la comunidad rural nos enseñan sus cultivos y como los riegan y disfrutar después con ellos sentados a la mesa bajo un emparrado para disfrutar de lo que nos hayan preparado para comer; visitar con el agua que trajeron las lluvias de primavera el inesperado paisaje del lago rosa a unos cientos de metros de las dunas del desierto, pantalón corto y manga corta de inicio a fin del viaje durante todo el día…
  8. Hay menos gente en todas partes. Son muchos los viajeros que no se plantean viajar a un país africano que asociamos con el desierto, en los meses de verano (aún sin saber la belleza y placidez de las noches de verano en el desierto). Tanto en la visita al interior de un palacio en el corazón de Fez o Marrakech, como en una visita guiada por la medina, en una terraza de pescado en cualquier puerto o disfrutando de un recorrido en 4×4 en medio de un mar de dunas, en las áreas de pernocta, en los restaurantes… menos gente y más atención en todas partes…

En resumen: Nuestra opinión es que el viaje de verano es un viaje que también se disfruta muchísimo, porque aunque en la primera quincena de julio hace calor, éste aún no es exagerado y no es solo que las temperaturas no nos impiden disfrutar, sino que además disponemos de más horas de luz y actividad cada día, de preciosas noches y veladas muy placenteras y de otras posibilidades que aprovechar. Por otra parte, es el viaje con itinerario más largo, así que es en el que más tiempo tenemos nosotros para transmitiros el porqué de nuestra pasión por Marruecos.